Nuevos retos en gestión laboral

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Llevamos tiempo hablando de las condiciones del trabajo que están poco adaptadas a la realidad económica y social, especialmente desde que comenzó la crisis en el 2008. Me refiero a igualdad en oportunidades y remuneración laboral entre mujeres y hombres, reducción de viajes y sus costes asociados mediante tele-reuniones, flexibilidad laboral y trabajo domiciliario, así como un largo etcétera. Lo cierto es que el sistema implantado y la falta de coraje político dificultan cambios globales y necesarios por muy evidentes que sean y salten a  la vista de la mayoría de personas.

Como siempre, tenemos que esperar que estos cambios se vayan aplicando paulatinamente  “por si solos” cuando el imparable desarrollo tecnológico avanza (y se acelera) y los costes asociados de antaño los convierte en inevitables. El mercado no perdona y la economía se impone sin complejos, como siempre. Es lo que decimos “se ha vuelto necesario” cuando sabemos sobradamente que la necesidad empezó hace tiempo.

¿Te suena el calentamiento global que ha pasado de ser una simple preocupación para algunos “inspirados” a una emergencia climática? Leámoslo de otro modo: la implantación de renovables para producir un kWh con energía fotovoltaica es actualmente más económico que mediante combustibles fósiles. ¿Lo entiendes mejor ahora? La economía manda. (Te dejo este excelente artículo por si quieres profundizar en el tema: El muy necesario final de la industria del petróleo)

O la inevitable restructuración de la banca con el pretexto de controlar la circulación monetaria y apaciguar la evasión fiscal y el blanqueo de capitales. Leámoslo con otra perspectiva: estamos cerca de la desaparición total de billetes y monedas (que también ayudará a evitar el fraude), y reducir la infraestructura de la banca comercial hasta su más que probable total eliminación gracias a la utilización de aplicaciones móviles permite eliminar costes drásticamente. Sólo quedará banca personal o de inversión en el mejor de los casos y banca por internet para el día a día. Si las grandes corporaciones ofrecen financiación para sus productos y proyectos, y todo el dinero es electrónico, ¿para qué necesitamos la banca tal y como la conocemos hoy? La economía manda otra vez.

Finalmente empezamos a aceptar que el trabajo autónomo, el teletrabajo, las jornadas compartidas, los contratos temporales por días e incluso horas, y hasta la renta básica universal son inevitables para que la economía continúe creciendo y pueda seguir funcionando  ante el avance imparable de la inteligencia artificial, el aprendizaje automático (machine learning) y la robótica en general. Ya estamos inmersos en lo que apenas  hace una década parecía una narrativa de ciencia ficción: impresión 3D, drones, micro-robots, etc.

¿Quién no recibe propuestas comerciales en Google o recomendaciones en Amazon y las utiliza para elegir y llenar su cesta de la compra? ¿Quién no tiene ya un artilugio con ruedas (léase robótica doméstica) que barre la casa satisfactoriamente cada día de forma automática y a la misma hora? ¿Quién no ha tomado todavía un vehículo eléctrico, auto-pilotado y compartido (en breve) cuando ya están circulando por Estados Unidos y Europa? Alguno, o alguna, incluso habrá tenido alguna experiencia con un sexbot! En Japón que ya los utilizan como compañía personal, tareas domésticas o para descubrir nuevas sensaciones te dirían: nada nuevo.

Y a la vuelta de la esquina, ¿quién no conectará próximamente su nevera con tecnología 5G (léase “IoT” ó “Internet de las Cosas” por sus siglas en inglés) y se evitará tener que ir al supermercado para abastecerse de lo habitual y evitarse tráfico, cargar peso y largas colas? De esta manera nos vamos familiarizando inconscientemente con un largo etcétera de productos en la revolución de la biomedicina y la informática. Estamos entrando en la sociedad del “dataismo” (data = datos) en la que nuestro ser, cuerpo y sentimientos, así como todo lo demás, vivo o inerte,  se interpreta como algoritmos que se reproducen y son sustituidos paulatinamente por máquinas, organismos vivos o híbridos más eficientes. El progreso es imparable, aunque si nos podemos permitir la expresión “regresemos” por un momento al presente…

El profesor en estructura económica Niño-Becerra en su artículo “las hijas y los hijos de la clase media alta” nos sitúa en la realidad del mercado laboral de hoy y nos permite hacernos una idea de los retos (y oportunidades) que cualquier dirigente debe afrontar ahora, y que van mucho más allá del teletrabajo o del equilibrio trabajo-vida del que llevamos años hablando. Además, en su libro “El crash: tercera fase” nos habla de la (ultra) flexibilidad laboral ya presente en los EE.UU. y la reorganización empresarial para ajustar la sobre-oferta actual a la escasa demanda que este fenómeno implica. De aquí radica el éxito de las plataformas americanas on-line de ofertas trabajo que permiten a ciber-autónomos con perfiles técnicos muy especializados ofrecer sus servicios a distancia por horas, días o proyectos concretos. Por lo tanto, el equilibrio trabajo-vida no vendrá por anticipación política (¡sería una excepción!) sino que ya se está implantando por que el mercado lo requiere. Otra vez la…

No obstante, como en todas las fases de la época moderna donde los avances tecnológicos han transformado la economía y el mercado laboral, la tecnología también crea nuevas oportunidades laborales pero en ámbitos novedosos y con tareas mucho más especializadas. Estamos descubriendo que la formación continua y permanente se ha convertido en un imperativo para cualquier profesional que desee ser útil en la nueva economía, aportando valor y poder  preservar su empleo, dentro de lo posible. Como dice el célebre economista Xavier Sala-i-Martín, debemos cambiar la educación de nuestros hijos para que dejen de aprender memorizando, visto que es un sinsentido en la era de la información, y educarlos para saber cómo y dónde encontrar la información relevante, analizarla y procesarla. ¿De qué sirve aprender cosas que muy próximamente se convertirán en obsoletas y dejarán de utilizarse? En el campo de la gestión empresarial, los cambios que se están produciendo no son pocos y requieren una metamorfosis urgente que los líderes deben afrontar y superar para mantener la estabilidad y rendimiento de su equipo, local o remoto. El acompañamiento para saltar de una gestión en declive a una gestión en progreso como muestra la imagen a continuación llega a ser imprescindible en muchos casos.

Pero la cuestión va más allá: siendo dirigente, ¿cuánto tiempo pasas en tu propia formación que te permita asimilar y aplicar satisfactoriamente estos cambios irreversibles? ¿Cuál es tu estilo de gestión y cómo lo aplicas? ¿Las técnicas que utilizas para motivar a tus colaboradores son adecuadas y suficientes?

Esta entrada tiene 2 comentarios

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